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Haftará Jayé Sará
diciembre 17, 2023
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Haftará Lej Lejá

Elad ben Abraham ve Sara

Isaías 40:27 – 41:16

Hace unos días, aprovechando un hueco en nuestras actividades laborales y familiares, mi esposa y yo decidimos hacer un viaje relámpago a la frontera para que ella pudiera dedicar tiempo en la búsqueda de vestidos de fiesta para el próximo matrimonio de nuestro hijo Alejandro… en esa misma tesitura, decidí visitar una tienda de ropa para hombre en la que acostumbro a adquirir productos para mí, ya que ofrecen una excelente calidad por el precio que pago por ellos. Al llegar a la tienda, el gerente que ya me conoce, se acercó a saludarme y en la conversación surgió una pregunta.

Debo de puntualizar, que, en estos días, sobre todo con los acontecimientos en Israel de los cuales todo mundo está al pendiente, había estado pensando si era o no prudente utilizar mi kipah tal como lo acostumbro cotidianamente, sobre todo porque de acuerdo a las redes sociales las manifestaciones anti-sionistas en los EEUU estaban a la alza.

“¿Por qué dices tú, oh Jacob y hablas, oh Israel: “Mi camino está oculto al Eterno y mi causa no la tiene en consideración mi Dios”? ¿No sabes, no has oído que el Dios Eterno, el Creador de los términos de la tierra no desfallece ni se cansa?

Ciertamente una de las primeras mitzvot que debemos de seguir tiene que ver con la conservación de la vida, y sobre todo, el evitar colocarnos en posiciones en las que pudiéramos recibir daño y/o ponernos en peligro, y al parecer estos tiempos nos dicen que debemos de seguir esos caminos. Sin embargo, al reflexionar sobre el tema y en respuesta a la pregunta que me hacía el gerente de la tienda, mi respuesta fue muy sencilla: “En el momento que mostremos temor, en ese momento ellos ganarán.”

Al despedirme del gerente, me hizo el siguiente comentario: “Buena suerte paisano”… no sabía que él era judío también.

No pretendo con esta anécdota decirle a los demás que es lo que deben de hacer en estos tiempos, ni mucho menos ponerme como un ejemplo a seguir ya que la realidad de cada uno de nosotros es única y particular, por lo que la manera de reaccionar ante los eventos actuales seguramente responderá a los contextos específicos de todos, sin embargo una de las enseñanzas que nos proporciona la haftará de esta semana radica en la confianza que debemos de tener hacia El Eterno ya que aún en estos tiempos difíciles, no nos abandonará.

“¿Quién lo ha obrado y quién lo ha hecho? El que llamó a las generaciones desde el principio. Yo, El Eterno, que soy el primero, soy el mismo que el que será el último.”

Es interesante reflexionar que en situaciones y tiempos como los actuales, parecería que nos olvidamos de que El Eterno es quien está detrás de todo lo que sucede, y que al final de los tiempos lo que pasa forma parte de la visión única de Dios hacia los hombres, y que por lo tanto la forma en la que reaccionamos y afrontamos lo que se nos presenta, definirá nuestra identidad como judíos y sobre todo, ayudará a que realicemos las acciones necesarias en la construcción del Tikun Olam. Ciertamente los tiempos no parecen los más adecuados para ello, si volteamos a nuestro alrededor parecería que el mundo nuevamente se pone en contra de los judíos y que el odio ancestral que otros pueblos tienen hacia nosotros se aviva. Tal vez si… pero no sería la primera ocasión y seguramente no será la última.

Nuestro trabajo como judíos no tiene un final visible ya que lo que pretendemos lograr en ocasiones parecería imposible. Hay momentos en que observo con curiosidad a algunos hermanos judíos mucho más inclinados a lo religioso y místico decir con gran alegría y convencimiento; “¡El Mesías ya!, y en nuestro tiempo”, y de alguna manera me gustaría tener esa seguridad de que, de alguna manera milagrosa y medio mágica, sucederá lo que esperan para la venida de un personaje que traerá la paz universal. Pero me queda claro que esto no sucederá seguramente en mi tiempo y en mi vida, pero por lo mismo no debo de cejar en la realización de acciones que busquen corregir el mundo, por lo menos lo que está a mi alcance.

“Tú eres mi siervo. Te he elegido a ti y no te he desechado”

El Eterno no vacila, no tiene remordimientos y por supuesto no cancela su palabra. A diferencia de nosotros como humanos que, si lo hacemos, en momentos como los actuales llegamos a dudar del compromiso que El Eterno ha realizado con nosotros. Hasta cierto punto es normal, los humanos dudamos, pero no debemos de olvidar que Dios no es humano y por lo tanto esas dudas no caben en su realidad. Ante momentos como los actuales, con mucha mayor razón debemos de mantenernos unidos como pueblo y sentirnos orgullosos de lo que somos y del papel que jugamos en este mundo. 

Llevar nuestra identidad judía con orgullo es primordial en estos tiempos, sobre todo porque ahora también nosotros podemos decir nuestra realidad y tenemos al alcance los medios para informar y contrarrestar los sentimientos anti-semitistas que parecerían que vuelven a resurgir en este siglo, tal como sucedió hace 100 años. Seguimos siendo muy pocos en el mundo, pero a diferencia de esos tiempos ahora contamos con acceso a medios de comunicación globales que debemos de utilizar para contrarrestar esa marea que parece surgir nuevamente.

“No temas, gusanillo Jaob y tampoco vosotros, hombres de Israel. Yo te ayudo, dice El Eterno, soy tu Redentor, el Santo de Israel.”

Nada más reconfortante que la confianza, nada más fuerte que la seguridad de la palabra de Dios, nada más estimulante que el conocimiento de lo que hemos sido, lo que somos, y lo que podemos llegar a ser si no cejamos en nuestro trabajo de corrección y comportamiento ético en nuestro tiempo. Aún con circunstancias difíciles, podemos y seguramente lograremos sobreponernos a estos tiempos aciagos, pero, sobre todo, debemos de aprovechar la oportunidad de enseñar al mundo lo que la ética judía representa y lo que esa ética puede proporcionar al mundo, independientemente de si son o no judíos. Es difícil ciertamente luchar contra la corriente, pero aceptémoslo, los judíos lo hemos hecho de manera continua desde hace más de 3,500 años y seguramente lo seguiremos haciendo por una cantidad de años aún mayor en el futuro.

Quizá la parte más oculta de esta haftará es algo muy sencillo… la fe. La fe que debemos de tener y conservar en la promesa que El Eterno hizo a nuestro padre Abraham y por consiguiente a su descendencia, de la cual nosotros formamos parte. La fe de que las cosas suceden porque forman parte de un plan, y nosotros somos parte de ese plan. La fe de continuar con nuestro trabajo a pesar de que pareciese que el mundo se vuelve en contra nuestra, y la fe que en estos tiempos es necesaria para llevar nuestro judaísmo con orgullo, con dignidad, defenderlo con tesón y sobre todo, hacerle saber al mundo lo que somos y por qué hacemos lo que hacemos.

Esa fe que es en realidad la fuerza ética que nos mueve y que por lo tanto nos debe de distinguir en este mundo.

Shabbat Shalom

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